2 feb

 

 Con esta expresión en Jaketía, dialecto del judeoespañol hablado en Marruecos por los descendientes de los judíos expulsados de Sefarad en 1492, que viene a determinar la mala suerte, abre j.m.m.Albiol la más madura de todas sus novelas.

De nuevo lo real se engarbulla con lo sobrenatural de un modo sutil que hace creíble la posibilidad de que semejante circunstancia se pueda producir con normalidad en los diferentes escenarios y en los pasajes de la historia relatados en la novela: la encantadora población de Xaouen, el las estribaciones del Rif, donde se produce una cruenta guerra que precede a la Guerra Civil de España; la siempre convulsa ciudad de Jerusalén y la vecina localidad de Beit Sahur, en Belén, cuyas poblaciones viven enfrentadas, inmersas en un conflicto perpetuado y, al otro extremo del Mediterráneo, una ciudad provincial, Tarragona, marcada por las fatales consecuencias de esa misma guerra como el resto del país de por vida.

Entre los diferentes personajes que irán desfilando a lo largo de la trama se irán estableciendo vínculos inesperados que además servirán al autor para retratar los aspectos menos conocidos de las principales religiones monoteistas, el poder de los talismanes, seres de naturaleza misteriosa que conviven con el hombre desde que el mundo es mundo...

Pero sobre todo es, Guezerá Negra, una obra compleja y ordenada que atrapará al lector por su equilibrado tempo narrativo, por la detallada fisionomía de los lugares y de los personajes y por la enriquecedora documentación que j.m.m.Albiol ha barajado para dar cuerpo a una historia de historias acabarán confluyendo con gran dramatismo.